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OKAERI
La historia real de la Comunidad Nikkei del Perú

Título: Okaeri: la espía del sol naciente
Género: Dramedy
Duración: 110 minutos
Director: Camila Murayama Tagami
Empresas Productoras: Studio Taiyou, Mestizo Studios
Idiomas: Español, Japonés
Locaciones: Lima (Perú)

Tras el inicio de las medidas anti-japonesas por parte del gobierno peruano durante la II Guerra Mundial, una niña, hija de inmigrantes japoneses, navega las xenófobas calles de Lima en busca de su padre para impedir que lo deporten a un campo de internamiento en EE.UU. Pero su misión toma un giro inesperado cuando cruza caminos con un niño nacionalista y anti-japonés, quien le impone un trato por su libertad: ayudarlo a doblar mil grullas de papel para pedir un deseo.

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RESTAURANDO UN PASADO OLVIDADO

El primer grupo de inmigrantes japoneses desembarcó del “Sakura Maru” en 1899 en Cerro Azul. Estos pioneros Issei llegaron inicialmente como trabajadores contratados y, gracias a su resiliencia, sacrificio y arduo trabajo, fueron sentando las bases de lo que hoy es una de las comunidades Nikkei más grandes del mundo. Más de 126 años después, sus descendientes superan las 200,000 personas a lo largo de cinco generaciones: un testimonio vivo de los lazos duraderos entre Japón y Perú. 

La Segunda Guerra Mundial marcó un punto de quiebre en la historia. En medio del conflicto global y del auge del nacionalismo, la comunidad Japonesa en el Perú fue objeto de discriminación y sospecha promovidas por el Estado. En 1940, estallaron disturbios violentos en Lima; se cerraron escuelas, asociaciones y comercios japoneses; cientos de residentes fueron arrestados y deportados a campos de internamiento en Estados Unidos. Estos hechos constituyen un capítulo doloroso y aún poco reconocido en la memoria colectiva de Japón y América Latina.


Okaeri: La espía del sol naciente nace de una necesidad de preservar y compartir esta historia. Anclada en la memoria personal, pero sustentada en una rigurosa investigación histórica, la película enfrenta el miedo a la “otredad” con empatía y honestidad. Explora cómo los prejuicios se aprenden, y por lo tanto, también pueden desaprenderse. A través de un delicado equilibrio entre la templanza y la imaginación irreverente de la niñez, la película nos recuerda un hecho tan simple como verdadero: minna unchi (todos hacemos caca), todos compartimos los mismo sueños y fragilidades que nos hacen humanos.

Este largometraje está concebido como un puente cultural entre Japón y Perú, un homenaje a la generación Issei y una invitación al diálogo intergeneracional. Okaeri busca provocar reflexión, preservar la memoria y fortalecer el entendimiento mutuo entre culturas. En esta etapa, nos encontramos buscando colaboración con instituciones japonesas y peruanas que compartan esta visión y reconozcan su importancia. Se trata de una oportunidad única para dar nueva vida a una parte olvidada de la historia peruano japonesa con honestidad, sensibilidad y calidez.

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NOTA DE LA DIRECTORA

Mi nombre es Camila Murayama Tagami. Soy guionista, directora, docente y mujer nikkei de cuarta generación. Okaeri: La espía del sol naciente es mi ópera prima y una misión personal para preservar una parte de la historia que ha sido silenciada por mucho tiempo, incluso dentro de familias como la mía.

Durante la Segunda Guerra Mundial, cientos de inmigrantes japoneses en el Perú fueron arrestados sin cargos, sus bienes confiscados, y muchos fueron deportados a campos de concentración en Estados Unidos. Mi abuela tenía solo nueve años cuando se vio forzada a esconderse junto a sus padres en el depósito de un hotel. Durante décadas, calló su experiencia. Como muchas personas de la comunidad, su silencio y asimilación cultural fueron formas de supervivencia. Ese silencio, tanto personal como histórico, y la urgencia de preservar estas memorias antes de que desaparezcan, fueron el punto de partida para Okaeri.

Ambientada en la Lima de los años 40, la película sigue a Nozomi, una niña nissei que se enfrenta a la violencia estatal, la xenofobia y la progresiva desaparición de su comunidad mientras intenta evitar la deportación de su padre. Si bien la historia se construye como una ficción, está profundamente enraizada en hechos históricos, experiencias reales y sentimientos transmitidos de generación en generación. Buscamos recuperar una memoria colectiva, pero también cuestionar cómo se origina el prejuicio (y cómo puede ser desaprendido).

Estéticamente, la película es una mezcla de contención cultural y honestidad emocional, una danza entre momentos íntimos e introspectivos, y la ocurrente imaginación de la niñez. Visualmente está inspirada en Ohayou de Yasujiro Ozu: planos estáticos y cuidadosamente compuestos (en honor al silencio del trauma intergeneracional), con un ángulo de cámara bajo, a la altura de los niños. Sin embargo, a través de la mirada de Nozomi y Miguel, seguimos una narrativa que, lejos de resultar estática, toma referencia de la energía irreverente de Jojo Rabbit, donde el humor se convierte en su forma de enfrentar este nuevo Perú subyugado por el miedo. De esta manera, los pedos, las grullas de papel y las misiones militares imaginarias aportan una ligereza que transforma los momentos difíciles en experiencias más humanas. Como los relatos de mi abuela: una historia llena de tristeza, pero también de calidez.

Okaeri está concebida para resonar a través de generaciones y fronteras: es para aquellos con edad para haber vivido esta historia, y para aquellos lo suficientemente jóvenes para preguntar al respecto. Es un homenaje a la resiliencia de la comunidad nikkei del Perú y un mensaje de esperanza para cualquiera que se haya sentido fuera de lugar. Nos recuerda que, sin importar de dónde venimos o los desafíos que enfrentamos, al final del día, todos compartimos los mismos sueños, miedos y anhelos: “Minna unchi” (todos hacemos caca).

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